En la frutería de José siempre hay cola el sábado a mediodía. Mientras me sirvo unos plátanos escucho: “Hola mi amiga Carmen” me saluda con una sonrisa Helen, me comenta que hoy va a preparar la sopa típica de su páis, Sopa de pimientos y plátano grande la llama. Aún recuerdo el día que tuve que acompañarla a la comisaria de policía. Ha pasado mucho tiempo pero su historia continua siendo la realidad de muchas mujeres en nuestro continenente..

Mi nombre es Helen, tengo 24 años y soy de un pequeño pueblo de Edo, Nigeria. Salí de mi pueblo buscando una vida mejor, allí no tenemos unas condiciones humanas para vivir. Junto con otras chicas pagamos a los señores de Benin City para que nos sacaran hacia Europa para trabajar en el servicio domestico. Desde muy pronto nos sometimos a ellos, todo lo tenían perfectamente organizado. Nos hicieron un ritual de magia negra en el cual incluyeron a nuestros familiares para que cumpliéramos con la deuda contraída con los señores de Benin city, tuviéramos un feliz viaje. Estábamos seguras que lo íbamos a cumplir, nos moríamos de ganas de salir. No pensábamos que fuera malo, ni tampoco bueno, no pensamos, sinceramente nada podía ser peor que ebony-1573781_1920no poder comer y ver como todo se fundía a tu alrededor de pobreza. Al segundo día ya estamos cruzando la frontera de Nigeria y supimos enseguida que íbamos a ser prostituidas. Todo iba muy rápido,  pasamos a Níger y llegamos a Libia. Allí esperamos unos días hasta que nos dieron la orden de viajar a Italia con más mujeres hacinadas en un barco de carga  junto a la mercancía. Mis compañeras del pueblo no han llegado, el viaje es muy duro. La realidad era mucho peor, no era una prostituta, era una esclava sexual. No había sentido mi cuerpo tan desecho en mi vida. Tengo tanta vergüenza que no se si lo superaré nunca..

Finalmente llegamos a España a un centro de acogida de emigrantes. Pero continúan teniéndolo todo bajo control. La “mami nigeriana” llama y nos saca muy pronto del centro. El infierno no hizo más que empezar. No podía caer enferma, a penas tenia pan y agua para comer y pensaba la forma de salir de ahí, mi visión, al igual que la de todas nosotras es que no conocía ni idioma ni a nadie. La policía en nuestro país es muy mala, no puedes confiar en ellos. Solo veo la única opción de continuar con esto hasta cumplir mi deuda. Esa deuda que me dijeron que era en  Nairas Nigerianas, pero una vez más, era en euros. No veía la luz entre tanta oscuridad…

Yo, Carmen paseaba con mi madre por un polígono que relativamente cerca se encontraba Helen. Cada día nos acercábamos más, nunca hablamos, siempre nos sonreímos. Un día de tantos me dijo con una voz entrecortada: policía por favor. Me fui a mi casa, deje a mi madre y la acompañé a la comisaria.

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