Llegué tarde a clase tras la última clase del martes. Entré en mi habitación tirando la jaqueta en la silla, la bufanda en la cama. Conecto el pc para escuchar mi canción favorita, para expirar y acto seguido, coger el aire que llena mis pulmones de confort, tranquilidad, y mientras tanto voy tarareando la canción en un understandable english. Me siento mejor, arreglo un poco la habitación del pequeño huracán que la arrasó por allá unas 10 horas antes,  me encamino a la ducha ..para limpiarme del día.

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     Enciendo el agua de la ducha y empiezo a pensar en mi día. Sin querer pienso en la disputa que he tenido con mi compañero y amigo desde hace ya varios años de facultad. Me han pasado muchas cosas buenas durante el día pero parece que para mi mente esa es la que prevalece y quiere darle vueltas. “Ha sido una tontería, tiene un carácter algo fuerte y chocamos, quizás yo también sea más cabezón de lo que creo” digo en mi mente.

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      Disputas continuas tenemos en nuestra vida, todos los días, incluso con nosotros mismos podemos llegar a discutir. Esos recuerdos debemos prestarles atención pero no más de la que necesiten, hay que saber que los errores se perdonan, pero más a las personas que los cometen. También pienso que ya aprendí que se necesita aceptar los errores de los demás, los nuestros. Que la amistad es grande, que ser amigo no es siempre recibir. Que siempre podemos llegar a entendernos. Que aunque algo duela mucho, de eso puedes sacar provecho, puedes sacar lección.

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        El calentador del agua falla, y por un momento sale fría, que “chutazo” de energía, pero a la vez, que susto me ha dado. Puede que sea la señal para que concluya de debatir mi mente. Me seco, me pongo el pijama y veo un whatssApp de mi amigo diciéndome que el problema que estábamos resolviendo en la biblioteca y me decía que daba 12, daba en realidad 3. Yo muy satisfecho en ese momento de que esa era mi respuesta toda la tarde que tanto desgaste nos llevó.

       Pero, ¿De que vale tener la certeza si no puedes demostrarla cuando te la piden? Pues amigo, en la vida, muchas veces te la pedirán, otras la necesitarán y en este blog vamos a trabajar para poner zoom en todos esos momentos de nuestra vida que aunque nos den las cartas ganadoras, debemos saberlas colocar en la combinación idónea.

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Tenemos muchas cosas que aprender, y no importa la edad.